La comunidad científica está de enhorabuena. Esta semana se
ha anunciado que se ha detectado el buscadísimo Bosón de Higgs, una partícula
subatómica también conocida como “partícula de Dios” y que era la pieza
faltante para explicar que los cuerpos tienen masa. Su existencia se predijo en
1964 pero hasta ahora no se había detectado con claridad. La criaturita pesa
126 GeV/c2 (algo como una diez mil trillonésimas de gramo), no tiene espín ni
carga. El descubrimiento se ha producido en el LCH, Gran Colisionador de
Hadrones, construido en Suiza y financiado por una montonera de países.
Para ayudar a los sesudos investigadores a verificar que hay
masa en todos los sitios, que la fuerza de la gravedad sigue funcionando y que
los Bosones de Higgs también andan por nuestra tierra, nos hemos ido hoy a correr al monte Pedro G, Pedro
R, Esteban y yo, para verificar de forma científica y repetida que es más duro
correr cuesta arriba que cuesta abajo, ya que los Bosones esos de las narices
hacen que nuestros maltrechos cuerpos tengan masa y por tanto sean atraídos por
la madre Tierra, que también tiene masa.
Desde La Barranca subimos escopetados hasta la cumbre de La
Maliciosa por la cara sur. Ya aquí notamos que el Bosón está despierto y tira
de nosotros hacia abajo. El Bosón nos acompaña, nos hace sudar y jadear, nos
cansa los cuádriceps, glúteos y gemelos, nos tensa tendones y ligamentos, nos hace circular la sangre a toda la
velocidad que nuestro corazón puede y nos pone las mitocondrias a cien por hora
creando moléculas y moléculas ATP. Menudo tipejo es ese Higgs.
Seguimos con el experimento pero al revés: bajada al Collado
del Piornal. Efectivamente es más fácil correr así. Los Bosones se relajan.
Toda la teoría se va confirmando como esperábamos.
Pero no contentos -somos científicos como los que más-
decidimos repetir la prueba subiendo a Bola del Mundo. Otra vez experimentamos
con alivio científico pero cansancio en las patas que subir cuesta más que bajar.
Los Bosones son la leche y sobretodo incansables. Hemos intentado dejarlos
atrás, especialmente Esteban haciendo unos cambios de ritmo, pero sin éxito.
Volvemos a sudar como cerdos. Los
Bosones funcionan a las mil maravillas. No fallan nunca.
No nos hemos quedado allí arriba, por bien que se estuviera, y
bajamos lanzados hasta Emburriaderos, senda del Tubo, Camino Ortiz y La
Barranca. Los Bosones nos dan un nuevo respiro y nos dejan disfrutar de la
bajada, aunque notamos su aliento en el cogote, nos siguen de cerca como una sombra
inseparable.
Confirmamos, y así lo hemos comunicado a los sabios
mundiales, que el Bosón de Higgs existe, que actúa, que hay masa, que la fuerza
de la gravedad anda suelta y que estamos muy agradecidos a las cabezas
pensantes de que nos expliquen las cosas.
Pero digo yo: todo el dinero que se ha gastado en exprimir
la ciencia hasta extremos casi ridículos, ¿no se podría emplear en algo más
útil para la humanidad?














